sábado, 21 de mayo de 2011

Cronopios: Tu y yo


(o qué puede ocurrir cuando dos entes húmedos y verdes se comunican en la distancia)


- ¿Te cuento un secreto?


- Por favor.


- ¿O prefieres varios?


- Varios.


- Está bien. Las lágrimas me dan asco, más asco que cualquier otra cosa; el sudor me encanta; me gusta quemarme el paladar con la sopa y el café; detesto la sobremesa y el olor a aliento; si tuviera que elegir algún poder, elegiría el de ser invisible: me gusta mirar; no me gusta que la gente se acerque a mí cuando habla y no tengo nombre (huyo de él).


- ¿Todo eso es verdad?


- Sí.


- ¿No tienes nombre?


- No. Para dirigirte a mí tienes que tocarme.


- ¿Quieres que me dirija a ti?


- Así es.


- Pues ven a buscarme.


- ¿Dónde estás?


- En la tercera estrella después de la luna, a la derecha según vienes de la tierra.


- Tardaré unos treinta millones de años (estoy en un agujero negro). ¿Me esperas?

- Siempre.


- Comienzo, entonces, mi viaje. Pero antes, quiero proponerte algo.


- ¿De qué se trata?


- Es una idea mía, genuina, y pensada para ti.

- Dime.


- Teniendo en cuenta lo imposible del atractivo de tus bíceps y el imán tortuoso de tus ojos, he concluido que serán muchas las aventureras y usurpadoras que intenten ofrecerte un amor teñido de rubio platino (o lleno de rizos y baños). Te propongo, como distracción, que vayas hilando una tela. Cada vez que alguna de estas jóvenes, irrespetuosas mujercitas llame a tu puerta con promesas de azúcares y multiorgasmos, tú le dirás: “cuando acabe de hilar esta tela”. ¿Qué te parece?


- ¿Tendré que pasar treinta millones de años tejiendo?

- Si aceptas, así deberá ser. Pero cuando te encuentre, seré yo quien haga las más infinitas y perfeccionadas trenzas con tu cuerpo.


- Me parece una idea maravillosa.

- Cuando estemos juntos nos envolveremos en nuestra tela, treinta millones de años más cierta que cualquiera de aquellas vanas promesas.


- ¿De qué material la quieres?


- Sabía que te gustaría mi idea. Déjame que piense…quiero que tenga un pétalo de azahar, tres gramos de sonido de chicharra a mediodía, medio punto de sabor de axila.. A ver, qué más… Quiero algo de esa luz parpadeante que marea en las discotecas de saturno y mil setecientos litros de ceniza de orión. Diez relámpagos del día en que nací y un rincón húmedo de agua de marte. De agua de marte con tequila.


- Está bien, pero tiene que ir entreverada con hoja de alcachofa.


- Acepto.


- ¡Cuánta alegría! Empezaré ahora mismo a tejerla. Aunque antes tendré que ir al huerto de venus, por lo de las alcachofas.


- Ve. Nos vemos dentro de treinta millones de años.


- Aquí estaré.

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